Cuando pensamos en dislexia, nos enfocamos en las dificultades para leer y escribir. Sin embargo, deberíamos enfocarnos en la sensación de no ser valorados por lo que se es, es decir, la vergüenza. Algo muy diferente de la culpa, que se da cuando sabemos que hicimos algo malo como copiarnos o engañar. Según Gershen Kaufman, psicólogo clínico especialista en este tema, los efectos psicológicos de esta dificultad son comparables a los del incesto, son efectos de "goteo lento" pues los chicos con dislexia sufren a diario.
La necesidad de la lectura y la escritura es clave durante la escolaridad y afecta el estudio de todas las materias, incluso las científicas y matemáticas, pues es necesario poder entender bien los problemas y las consignas. Los niños pasan mucho tiempo en el colegio, y su escolaridad es tema de conversación de padres, amigos, abuelos y otros. Se puede decir que éste es el aspecto más importante en sus vidas durante este período. Al tener dificultades en un aspecto tan fundamental para el aprendizaje escolar, los niños asumen que ellos deben ser el problema y tratan de esconderlo. Se sienten avergonzados por lo que son. El esfuerzo empleado en tratar de esconder esta dificultad de los demás, consume muchísima energía, energía fundamental para sus aprendizajes.
La clave del éxito para un disléxico es conocer sus propias habilidades y debilidades aceptándolas y hablando de ellas sin miedo, sin tratar de esconder su verdadera forma de ser. Esto puede resultar muy atemorizador y no se le debe pedir que lo haga de golpe. Sin embargo, es fundamental ir desenmascarando a la vergüenza gradualmente. Primero hay que comprender los hechos, luego charlarlo con las personas con las que el disléxico se sienta cómodo, y eventualmente aprender a compartirlo con todos los demás.
Traducción basada en el artículo, Shame is the Challenge of Dyslexia, Headstrong Nation, http://headstrongnation.org/parents/learn-the-facts, febrero 2016.